Carlos Bóveda Bentrón

Biografía

Carlos Bóveda Bentrón
Carlos Bóveda Bentrón

Carlos Bóveda Bentrón

Carlos Bóveda Bentrón nace el 5 de febrero de 1933 en A Ponte (Padrón), al lado del río Ulla, en el seno de una familia humilde. Su padre muere cuando Carlos sólo tenía dos años. Tocaba la guitarra, era carpintero y técnico en electricidad. De hecho, cuando murió, tenía a medio construir una radio y estaba de baja por un accidente que había sufrido trabajando con cables de alta tensión en una obra en Doiras. Incluso enseñaba a leer a algunos chicos del lugar. Su madre era de Porto, barrio marinero de Pontecesures. Tuvo cinco hermanos, dos hombres y tres mujeres. Ninguno de ellos dedicado a las artes plásticas. Carlos nace, por tanto, en un hogar labriego, marcado por las circunstancias de una época difícil. Aprendió a nadar en el Campo de A Insua, cuando las mareas vivas de agosto lo anegaban totalmente. Se bañaba mientras contemplaba el majestuoso Monte Meda y veía pasar el Tren de Varela. Un triste recuerdo de su infancia fue ver cómo el tren pasaba lleno de heridos, pero su corta edad le impedía saber que España estaba en guerra. El hambre fue otra constante de aquel tiempo ya que, aunque la casa de labranza garantizaba los mínimos necesarios, no sucedía igual a los vecinos, a quien la madre de Bóveda daba pan en gesto humanitario. Con cinco años entra en la escuela de A Ponte. Adela Tajes, la única profesora que tuvo en todo el ciclo escolar, y su colaboradora Elvira Piñeiro, lo sacaban al encerado a dibujar para ponerlo como ejemplo a los demás alumnos en las clases de dibujo. Carlos observaba desde la ventana del aula y pintaba casas, árboles y otros motivos costumbristas que servían de muestra a los compañeros. Incluso llegó a hacer mapas y otros complementos escolares de la época. La maestra, en agradecimiento, le había prometido una caja de colores. Esta fue su primera experiencia artística, si se le puede llamar así, puesto que lo hacía con una simple tiza. A Carlos le molestaba que en la escuela no se hablase gallego y que pasase sólo por ser la lengua de los pobres. En todo el tiempo que estuvo en la escuela, Carlos tan sólo compró un libro, que curiosamente perdió mientras jugaba a la “estornela”. Estrenó su juventud entre fiestas y romerías a las que iba caminando. Carlos no bailaba ni andaba con chicas, iba a las fiestas a observar, practicaba la contemplación. Con ocho o nueve años fue a Campaña, donde quedó prendado del molino de la Señora María, a la orilla del riachuelo de Valga. Los robles y la propia agua cautivaron al muchacho. Una vez en la fiesta, de nuevo el colorido de gaiteros y muchachas con pañuelos amarillos y rojos llamaron poderosamente su atención. El artista estaba convencido de que aquella particular policromía marcaría posteriormente su futuro pictórico, ya que en aquel instante soñó con reproducirlo si algún día podía coger los pinceles. La inocencia de aquel chico no adivinaba que ese sería su esencia artística. En cierta ocasión, dirigiéndose a Padrón a buscar el pan de ración -con la cartilla de racionamiento-, se detuvo mirando unos libros de dibujos en el expositor de la tienda de Varela, O Cocherito, y ya pensaba que aquellos dibujos los podría hacer sin dificultad. Con doce o trece años, debido a un golpe en una rodilla, el médico de Pontecesures, D. Víctor, fue a verle. Carlos estaba en casa matando el tiempo, haciendo unos dibujos motivados en el interior de la casa. D. Víctor los observó y preguntó quién los había hecho. Después de examinar la maltrecha rodilla, le dijo: -Estás moi ben, rapaz. Tes moi boa man para debuxar. Poco tiempo después, Carlos entraba en La Calera, desconociendo si fue por mediación del médico, aunque supone que algo tuvo que ver.

La Cerámica Celta de Pontecesures tuvo su origen en la Cerámica Artística Galega, fundada en 1925 por D. Eugenio Escudero Lastra, en el lugar de O Cantillo, en el barrio de San Xulián. Castelao la definió como la “cerámica cheirenta” porque la decoración era a base de anelinas sin vidriar. Ya en manos de D. Ramón Diéguez, en 1927, se caracteriza por pasar del barro a aplicar las técnicas del vidriado en las instalaciones de La Calera, en el barrio de Porto, constituyéndose como la división cerámica de la empresa. Participaron en ella artistas como José Mª Acuña, Carlos Sobrino, Fabeiro, Víctor García, Bonome, Ochoa, Oria Moreno, Manolo Torres y otros destacados personajes de la talla de Carlos Maside, Asorey y Castelao, quien aportó su creatividad ceramista para luego servir de guía -sus modelos- a los demás artistas. Borobó la llamó “universidad plástica galega”. En el 1948, Ramón Diéguez -propietario de la fábrica, dividida en fábrica de cal y cerámica- dio el encargo a Manolo Sacristán, cuñado de Bóveda, que ya trabajaba en La Calera, de ofrecer a Carlos la posibilidad de entrar a trabajar como aprendiz de decorador. Carlos supone que los dibujos que había visto D. Víctor fueron los causantes del ofrecimiento. La única constancia que tenía de La Calera era de verla desde la otra orilla del río y de cómo pasaba el tren por detrás de ella. Carlos llega a la porta de La Calera en la primavera de 1948. Exteriormente no aparentaba ser un centro de tamaña importancia cultural. Era un edifico austero, común, humilde. Entrando a la derecha estaban las oficinas, al fondo de un pasillo estaban trabajando Teresa González A Carabinera, D. Francisco -un gran hacedor de moldes- y Fina A Xabeira. Aquí se vaciaban y repasaban los moldes. A la izquierda estaban los tornos, donde trabajaba Hipólito Castaño dándole al pie con una facilidad extraordinaria. Al lado de los tornos se amasaba el barro en unos depósitos para conservarlo fresco. Más allá estaban los moldes y las estanterías donde se colocaban las piezas. Por último estaba el taller de decoración. Los hornos estaban frente al taller de decoración, al salir por una puerta que dividía la Calera de la Cerámica, aunque pertenecían propiamente a La Calera. Había tres hornos, uno donde se fundían los vidriados y dos donde se cocían -“bizcochaban”- las figuras. Siguiendo los hornos estaba La Calera. Carlos fue recibido por Xosé Braña, Pepe O Gino, que lo lleva a la dependencia de decoración donde estaba trabajando Antonio Fabeiro. Con la escueta frase “Antonio, ahí te va este rapaz”, Carlos se sentó en una mesa con unos pinceles y unos lápices de colores, posiblemente utilizados anteriormente por Xosé Llerena Ferro, que había abandonado la empresa para incorporarse al Castro de Díaz Pardo. Unos minutos después, Ramón Diéguez le llevó unas macetas para que las decorara con unos motivos florales. Después, con unas hojas y un lápiz, le dijo que dibujase unos bocetos de dragones orientales. D. Ramón estaba poniendo a prueba las cualidades artísticas de Bóveda. Los primeros días los pasó Carlos dibujando bocetos que le entregaba el propio D. Ramón e intentaba curiosear en el trabajo de Fabeiro, pero no fue capaz de conseguirlo, ya que Antonio era muy personal e intimista, por lo que no solía mostrarlo. Había dos mesas, Fabeiro podía ver el trabajo de Carlos, pero la disposición de las mesas impedía a Carlos ver los trabajos de Fabeiro. Bóveda, curioso, estudiaba las piezas de Fabeiro cuando ya estaban en la estantería. En poco tiempo se hizo con las claves de la decoración. El pintor ha guardado un gratísimo recuerdo artístico de Fabeiro. Lo consideraba un gran decorador. Tenía una noción muy clara de la composición de los colores, en particular de los óxidos metálicos. Fabeiro era lento trabajando, meticuloso. Bóveda dice que “con maestría total”, hasta el punto de conocer incluso la espesura idónea para aplicar estos óxidos metálicos sin que saltaran en el horno. Fabeiro también hizo esculturas y piezas que en la actualidad se atribuyen a otros autores o se consideran anónimas. Una de ellas es “O berbericheiro”, un muchacho con un burro y unas cestas de berberechos que decoró en presencia de Bóveda. Otra pieza es “O bico”, una pareja de labradores abrazándose al lado de una vaca. La pieza primitiva era de Fabeiro, aunque posteriormente Acuña hizo otra con igual título. Mención especial merecen los murales de Antonio Fabeiro, que a decir de Bóveda son extraordinarios. Se conservan dos -encargo de D. Octavio San Martín- en la casa de San Martín, uno en el Convento de los Franciscanos de Herbón, otro pequeño que recoge el nombre de la Avenida de Daniel López de Padrón y uno más -una panorámica de Pontecesures del año 1934- que, destruido parcialmente, fue restaurado por Xosé Llerena en los años ochenta. Carlos también recuerda que Fabeiro era un gran muralista de los fondos de los retratistas. Cuando los fotógrafos de los años 50 hacían retratos en Padrón tenían fondos de 4 m de ancho por 2,5 m de alto, con motivos de lujosos barcos, coches o ciudades. Muchos de esos fondos fueron obra de Antonio Fabeiro. Una enfermedad pulmonar impedía a Fabeiro trabajar muchos días al mes, por lo que la producción de piezas fue sensiblemente inferior a la de Bóveda. Carlos decoró el 80% de la producción de la Cerámica Celta de aquel tiempo. El trabajo le permitía a Bóveda indagar en una pequeña estantería donde se guardaban -fruto del compromiso cultural galleguis-ta de Diéguez- libros de Castelao como Cousas da vida, Cincuenta homes por dez reás o As cruces de pedra na Bretaña, dibujos de éste sobre las Ferias del Automóvil de Ocasión de Pontecesures y otros motivos, dibujos de Maside, Sexto, Ochoa, etc. Todo este material era de consulta, ya que en la práctica no se aplicaban a la decoración de las piezas. De los dibujos sobre las Ferias del Automóvil, Carlos hizo una serie de baldosas, de las que recuerda unas dos o tres piezas de cada original. Este banco de datos fue el material de consulta y la mejor escuela de Bóveda.

Ceramica celta Ceramica celta Ceramica celta

Las primeras decoraciones serias las realizó sobre jarrones que estaban demasiado bizcochados -cocción demasiado elevada- y no absorbían el vidriado una vez decorados. Estos trabajos eran mates, no tenían el brillo de las piezas de la Cerámica Celta. Bóveda no recuerda el primer sueldo, pero repara en que Diéguez había sido generoso, quizás para incentivarle y entusiasmarle. Las diferencias sociales al uso marcaban un trato cordial pero distante. Un mes después de su llegada, empezó a decorar las figuras de la cadena de producción. Las piezas, una vez bizcochadas, se situaban en una estantería. Bóveda tenía permiso para escoger cualquiera de ellas y decorarla, aunque prefería las más sencillas -los “potes”-, dejando para Fabeiro las más dificultosas. En aquel tiempo todavía no había colado (barro líquido). El barro se pegoteaba a mano alrededor del molde y con barbotina se aplicaba a las piezas complementarias como asas, tapas, etc. Posteriormente, con la técnica del colado, las piezas salían enteras. Una vez fuera del molde, la pieza se repasaba y se dejaba secar un tiempo. De aquí iba al horno de leña, a bizcochar. Esta cocción duraba un día completo, y a veces más. Carlos no prestaba mucha atención a este proceso de fabricación. A él le llegaba la pieza que, una vez decorada, bajo cubierta, pasaba a procesarse en el vidriado, en grandes bañeras de vidrio molido y minio, entre otros componentes. El final de la cadena de producción era un horno que llamaban “el tubo de la risa”, de seis a ocho metros de largo, que aumentaba la temperatura gradualmente hasta la zona central, donde empezaba a bajar. Las piezas se iban moviendo a mano. En este horno se fundían la pintura y el vidrio. Ya en el exterior, el vidrio de las piezas estallaba por el choque de la temperatura. El particular resquebrajado de las piezas de la Cerámica Celta, por tanto, estaba causado por un defecto de cocción. De las primeras piezas que decoró Carlos -piezas únicas, ya que de las diez que salían del mismo molde nunca se repetía la misma decoración-, conserva una en su poder. Se trata de una figura del año 1949. La única noción que Bóveda tenía de la cerámica de Escuredo era un “Tesouro” pequeño decorado por Oria Moreno. Con el tiempo fue tomando contacto de la importancia cultural de la Cerámica a través de personas como Xosé Piñeiro Ares, que le transmitieron las inquietudes de “Tesouros”, “Cabuxos”, “Pórticos”, etc., y el trabajo desarrollado en O Cantillo. Con el tiempo, Piñeiro -hasta su muerte- se convirtió en el nexo de Galicia con el pintor. Carlos no llegó a conocer en persona a Castelao. Cuando entra en la Cerámica Celta, Castelao ya llevaba ocho años en Argentina, y cuando va a Argentina, Castelao había muerto doce años antes. Ya dominador de la decoración, empezó a pintar “tesouros”, atreviéndose más adelante con platos, conchas, etc. Incluso, ya con libertad absoluta, jarrones con formas rarísimas de flores y fondo negro, paisajes, etc. Los primeros contactos con los grandes artistas de la Cerámica comenzaron con el escultor Xosé María Acuña. Acuña aportaba sus modelos y trabajos para que Bóveda los decorase, a pesar de los evidentes problemas de comunicación entre ambos, ya que Acuña era mudo. Asorey también frecuentaba a diario la Cerámica, que disponía de muchos trabajos del escultor cambadés. La primera vez que Bóveda ve a Asorey fue cuando este llegó a la Cerámica con doce baldosas -un vía crucis- decoradas a mano en bajo cubierta para reproducirlas, ya que presentaban un evidente desgaste y algún que otro golpe. Diéguez le encarga el trabajo a Bóveda, y éste clava su mirada en la figura alta y delgada, de ojos azules, de Asorey. Bóveda empieza el trabajo haciendo las baldosas en barro -con el problema de que el barro al cocerlo reduce su volumen-, las bizcocheó y a continuación les dio unos golpes con un martillo a fin de imitar los originales lo mejor posible; finalmente, las decoró. Una vez acabado, tiempo después, Asorey fue a buscar las piezas. Cuando llega a la Cerámica, Diéguez le muestra los originales y las copias. Asorey exclama “Ramón, tocáchesme o carallo, agora non sei cales son as orixinais”. Carlos lo tomó como un halago, por quien lo expresaba. También de esta época es un peculiar trabajo de Bóveda: un lote de azulejos con nombres de calles. El pedido había sido del ayuntamiento de Santiago de Compostela. Aún hoy se pueden ver en alguna de ellas: Calle La Rosa, Ada. Romero Donallo, Calle del Dr. Rodríguez Carracido, Calle San Pedro de Mezonzo, Calle de Diego de Muros, etc.

Ceramica celta Ceramica celta Ceramica celta

Las inquietudes culturales de Bóveda lo conducen a formar parte de la Rondalla Padronesa dirigida por Virxilio Pajares, tocando el laúd. Carlos tenía un oído especial para la música, incluso acunaba a sus hijos tocando el laúd. En el año 1954 ingresa en el ejército, en Ferrol, ofreciéndose como decorador cerámico, por lo que lo incluyeron en la Sección de Pintores, aunque pasó más tiempo metiendo masilla en las ventanas que pintando. Aprovecha el tiempo y comienza a componer su propio equipo de pintura. Así hace una maleta de madera con las correspondientes divisiones, realizando a mano todas las cerraduras, y un trípode de madera que tenía su aquel, con terminaciones en bronce y que se podía encartar totalmente para engancharlo a la maleta y transportarlo fácilmente. Además disponía de un asa de cuero para poder llevar los lienzos ya pintados aunque sin secar. Este equipo fue el que usó, conservándolo en perfecto estado, para salir a pintar al natural y en su estudio durante muchos años, hasta 1987, en que el artista lo extravió en una mudanza, con el consiguiente disgusto. Después de la instrucción, embarcó en el destructor “Ulloa” como pintor de brocha gorda, pero acabó encargándose de la distribución de las pinturas a los operarios y a la vez pintó y decoró los letreros de todo el barco: salvavidas, puertas, etc. Durante el año y medio miliciano, la Cerámica quedó sin decoradores por la ausencia de Bóveda y por la muerte de Fabeiro, pero alguien intentó sustituirlos pintando algunas piezas que se distinguen perfectamente de las demás por salirse claramente de los cánones habituales. A juicio de Carlos, se trata de piezas mal decoradas, sin gusto y con colores aberrantes. A su regreso a la Cerámica, Carlos encuentra una empresa en declive soportada por La Calera. Aun así, vuelve al trabajo con las mismas piezas y con mínimos cambios en la decoración. Hipólito Castaño había marchado para Buño. Permanecían Francisco para hacer los moldes, Manuel de Cordeiro y Arturo Jamardo para repasar las figuras, Avelino Chenlo de tornero y Teresa González A Carabinera.

Ceramica celta Ceramica celta

Hay piezas a las que no se le atribuye autoría y que Carlos, a pesar del medio siglo transcurrido, reconocía como suyas. Por ejemplo “A lavandeira”, que una firma padronesa de arte atribuye a Carlos Maside, fue esculpida y moldeada directamente sobre barro y decorada por Bóveda. Se moldeaba en barro y después se sacaba el molde, por el que con posterioridad se reproducirían en serie. Lo mismo pasó con una serie de ceniceros, jardineras y pequeñas piezas representando flores, conchas marinas y peces, que hoy se reproducen sin atribuirles autoría y también son esculturas de Carlos. A este grupo pertenecen “O martín pescador”, que fue sacado de un original que había cazado Ramón Diéguez. Habían tenido que bocetarlo y modelarlo en barro, era de colores muy vivos, azules y pecho naranja. Igualmente pasó con una casa de Rosalía de Castro, para la que tuvo que sacar el apunte al natural y luego moldearla en barro. De esta pieza se hicieron muy pocas reproducciones, pero se puede ver una de ellas en las vidrieras de la casa Museo y otra cuando se hace la exposición de escaparates de Padrón. Ambas están en perfecto estado de conservación. El artista padronés también hizo una pareja de muchachos bailando agarrados, pero se desconoce qué pasó con ella, ya que fue hecha en los últimos tiempos de la cerámica. Una vez que abandonó la Cerámica, hubo una pequeña producción de bajo valor artístico. Bóveda considera que estas piezas fueron realizadas casi en la clandestinidad y que se diferencian claramente de las auténticas del máximo apogeo de la Cerámica por estar decoradas con esmalte.

Ceramica celta Ceramica celta Ceramica celta Ceramica celta

“O Cabuxo” de Castelao es una referencia obligada en la Cerámica Celta. Para muchos, la obra cumbre. Esta pieza estaba olvidada, arrinconada en la estantería más alta del taller de decoración. Se creía que no tendría salida, ya que su decoración era compleja. Un buen día, que la producción de piezas estaba bajo mínimos y Bóveda no tenía mucho trabajo, se le ocurrió interesarse por aquellos “cabuxos”. Diéguez y Carlos los bajaron y limpiaron. Se vidriaron en blanco directamente sin decorar. Eran sólo cuatro cinco “cabuxos”, de ahí el valor actual de los que aún se conservan. Carlos no entra a considerar si alguno de estos “cabuxos” está hecho por el propio Castelao, pero sí sabe con certeza que el original modelado en barro, una vez hecho el molde, se rompió. El vínculo de Castelao con la Cerámica Celta se había fraguado a través de Víctor García, médico también, por su amistad con Ramón Diéguez. D. Víctor era un entusiasta de la Cerámica Celta, frecuentaba mucho las diversas dependencias de la empresa e incluso hizo alguna intrusión en el modelado o moldeado de piezas. El pintor recuerda unos candelabros, unos sujetalibros y un cristo bizantino como piezas del galeno cesureño.

Ceramica celta

Bóveda comienza su vuelta al trabajo compaginando su actividad en la cerámica con el pintado de óleos basados en motivos naturales de Pontecesures, Padrón, Catoira y otras localidades de la comarca ullanesa. De este tiempo son “As Torres de Catoira”, “Río e barca”, “Rúa”, “O pombal da riba”, “Valle Inclán”, “Meu lar”, “A ponte”, etc. Estableció amistad en aquel tiempo con el doctor Devesa, gastroenterólogo santiagués que se acercaba a Pontecesures con frecuencia por ser el propietario del Pazo da Cova, en donde también tenía un pequeño estudio de pintura. Aprovechaba aquellas visitas para acompañar a Bóveda cuando salía a pintar en exteriores. En un artículo de prensa, el doctor catalogaría a Bóveda como uno de los mejores paisajistas gallegos. Carlos salía de casa a las seis de la mañana para pintar hasta las nueve, hora en que entraba en la Cerámica. Si acababa para las seis de la tarde, volvía a salir a pintar. No frecuentaba tabernas ni otro tipo de diversiones. Los fines de semana también los dedicaba a la pintura, desplazándose en bicicleta incluso quilómetros. Con todo este material -dos docenas de cuadros- acumulado en poco más de un año, le animaron a exponer en la Pascua de Padrón, en el “Frente de Juventudes”, aunque políticamente no fuera muy partidario. El primer cuadro vendido era un motivo de Betanzos, ni recuerda de dónde sacó el original. El destinatario fue un padronés conocido por Perré, quien requirió del artista que le firmase textualmente “éste es mi primer cuadro”, como así lo hizo. El segundo cuadro lo compró el maestro padronés Luis Paz, obra que se conserva en la casa de Darío Paz, hijo del comprador. Faustino Rey Romero, Eugenio Manuel Reboiras y Xosé Piñeiro Ares dieron cuenta en la prensa de los primeros comentarios periodísticos de esta exposición.

Oleo Primera Exposicion Oleo Primera Exposicion

Segunda Exposición (1958)

A través de D. Regino Barbeito se le presenta la oportunidad de exponer en junio en la Terraza de A Coruña, en los salones del Club Imperio. Carlos estuvo acompañado de numerosos amigos de Padrón y Pontecesures, y al frente de ellos los alcaldes de A Coruña y Padrón y el Presidente de la Diputación de A Coruña, entre otras autoridades. Presentó 39 obras, de las que sobresalían paisajes, un bodegón y una figura de Valle-Inclán. Esta era la primera experiencia como “autor”, ya que la organización se encargó de la colocación de las obras, de la iluminación, etc. En noviembre de este mismo año participa en la XII Exposición Provincial de Arte de “Educación y Descanso” de A Coruña con cinco óleos: “O carro”, “Cuberto”, “Ruínas” y dos paisajes. Entre ambas muestras, el artista va adquiriendo nombre y con motivo del “Certamen Nacional de Especialización y orientación Artística”, celebrado en Madrid, le invitaron a representar a la provincia de A Coruña, pero simultáneamente también le eligen por la provincia de Pontevedra. Carlos se decide por representar a su provincia de origen. De hecho, Pontevedra había quedado desierta de representante. También en este año recibe una beca de la Diputación de A Coruña para recorrer España. Fue a Madrid, Granada, Córdoba, Sevilla y otras ciudades andaluzas para conocer diversos museos y realizar cursos de perfeccionamiento. En Córdoba, se acercó a un hombre que estaba pintando un cuadro en la calle; era Felipe Criado, con el que tenía trato por la Cerámica Celta y al que el unía una buena amistad. Felipe le acompañó en el resto de la visita cordobesa y le llevó al museo de Julio Romero de Torres, donde le presentó al hijo de éste, que cuidaba del museo, y le mostró las calles y las costumbres cordobesas. Carlos Bóveda alcanza una difusión de su obra ya con cierto nivel mediático y publicitario, pero agradecido a las fuentes y a los orígenes vuelve a exponer en Padrón. En la primavera de 1959 presenta su obra de nuevo en la villa de Rosalía. Son 36 obras, entre las que, además de los paisajes, aparecen dos figuras: “Lavando” y “Vendendo historias”.

Oleo Segunda Exposicion Oleo Segunda Exposicion

A finales de los años cincuenta, Bóveda también colaboró con diversos medios de comunicación, sobre todo con viñetas y dibujos, a fin de ilustrar crónicas de acontecimientos sociales del Ullán. Desde el año 1957 hasta el 1962 colabora ilustrando artículos en La Noche y Faro de Vigo. Entre enero y abril de 1960 ilustra para La Noche una serie de fragmentos cerámicos, objetos y restos arqueológicos encontrados en las excavaciones de la remodelación del muelle de Pontecesures. En el mismo año expone en los salones de Casa Castaño, en Pontecesures, donde Ms. Beatrice Lodge -hija del embajador de EE.UU. en España- adquiere una de las obras. En la Pascua padronesa de 1961 expone treinta y una obras, entre las que están “Iria” (que se quemó en el incendio del Golf Club de Palermo), “Naiciña”, “Meigas” y “Viva Galicia”; las restantes obras son paisajes. En esta exposición regala una obra a la Diputación Provincial de A Coruña y otra al presidente de la institución provincial, D. R. Puga. Por mediación de Piñeiro Ares, en 1961, vuelve a exponer en el Colegio de A Estrada con unas treinta obras inspiradas en motivos gallegos, como figuras y paisajes; un óleo representaba a los hórreos de Laíño, cuadro que todavía conserva la familia del artista. De este tiempo data su primera entrevista en prensa. Desde 1961 hasta su partida participa en un serial de dibujos y caricaturas agrupados bajo el epígrafe de “Humor Ullanés”.El Bóveda caricaturista no es conocido porque no tuvo continuidad. Durante este tiempo hacía cuatro o cinco viñetas diariamente para la prensa. A Carlos le encantaba esta vertiente profesional, hasta el extremo de debatir en su interior a qué dedicarse profesionalmente, aunque en aquellos tiempos no tenía libertad absoluta para desarrollar un humorismo comprometido, crítico y mordaz como él hubiera querido. De hecho, está convencido de que algún dibujo fue censurado. Estamos ante el Bóveda más intenso. Decoraba en la Cerámica, pintaba óleos y colaboraba en prensa. Antes y después de los turnos en La Calera tomaba la bicicleta, el trípode y los pinceles, y por la noche en casa dibujaba las viñetas de la prensa. En este tiempo también hacía trabajos puntuales, como el que le encargan Baldomero Isorna, Faustino Rey Romero y Piñeiro Ares, que le invitan a que forme parte del emergente Ateneo del Ullán, grupo cultural con sede en Catoira. Carlos, ante las dificultades de conseguir papel pergamino, pinta el emblema en el papel de un saco de cemento después de limpiarlo y pasarle la plancha. Medía unos 80 por 40 cms. Las torres de Catoira eran el motivo central bajo el nombre del colectivo. Carlos indicó que como marco podían ponerle unas hojas de laurel, y así lo hicieron. Este emblema estuvo durante años en la cantina de la estación de Catoira. Aquí conoce al sacerdote poeta Rey Romero, con quien fortalecería su profunda amistad tiempo después en Argentina. También de este tiempo datan varios artículos publicados en la prensa. Uno de ellos denunciaba la degradación que causaban en el río Ulla los vertidos de la industria Picusa. Carlos se enfurece por el olor que inundaba el lugar y por la cantidad de basura que se acumulaba en las orillas del río. Con ironía, achacaba este olor a un pulpo pudriéndose. Ni que decir tiene que a la empresa no le sentó nada bien el comentario.

Prensa

El artista tenía inquietudes que no se veían satisfechas en su entorno vital y profesional. Le atraía viajar y conocer. A ello se sumaba que las circunstancias económicas no eran las más de-seables. Decide abandonar Galicia para probar fortuna correspondiendo a la invitación de un hermano que residía en Argentina. La situación política española también tuvo algo que ver en la determinación, además de la invitación para exponer en el Centro Lucense de Buenos Aires. Decididamente, prepara los 140 cuadros que tenía, recopila todo el material que considera necesario, incluida la bicicleta, y embarca en Vigo el primero de julio de 1962. Después de dos semanas de navegación en el “Yapeyú”, donde montan un coro que dirige el propio artista, Bóveda llega a Buenos Aires. Se instala en Ramos Mejía y un mes más tarde expone, presentando 30 cuadros -tres bodegones, paisajes y figuras- en el Centro Lucense. En noviembre dona la obra “Camiño” para que se venda a beneficio de una causa humanitaria de una organización catalana. En el bazar de su hermano había un depósito de mercancía donde Na súa despedida antes de ir para Arxentina Bóveda instala su taller de pintura para retomar los óleos. Los bodegones fueron sus motivos iniciales cuando en Galicia apenas los había trabajado. Su primer óleo argentino representaba una mujer sentada que había llamado poderosamente la atención del escritor argentino Guillermo Taboada. Bóveda se estaba soltando, estaba rompiendo, experimentaba con nuevas motivaciones e inspiraciones. Cuarenta años después llegó a ser muy autocrítico con sus obras de aquel tiempo. Expuso estos nuevos trabajos en diversas muestras anuales en el Centro Lucense, en la Galería Goya del pontevedrés Ramón Mourente, en el Centro Gallego, en el Ourensano, en el Lar Gallego y en el Centro Pontevedrés. En algunas ocasiones llegó a exponer en dos lugares a la vez. Baldomero Isorna, el doctor Devesa, Felipe Criado, Baldomero Cores, Octavio San Martín, Ramón Pazos y Piñeiro Ares lo mantienen al tanto de la actualidad social, política y artística de Galicia. El incesante tráfico de correo mantiene viva durante años la ilusión de Bóveda de volver a la tierra. La morriña y la lejanía acaban condicionando el espíritu artístico de Carlos. Anímicamente no llegó a salir de Galicia. Esta dependencia marca el costumbrismo de sus obras. Campiñas, paisajes y caras pasan a ser la motivación principal de su pintura. Solía decir que de día caminaba por Buenos Aires y por la noche estaba en Galicia, y que él pasaba por Argentina pero Argentina no pasaba por él. La memoria lo dota en este tiempo de fuente de inspiración, ya que carecía de soportes naturales reales. Durante un año entero trabajó desplazándose todas las tardes a una villa miseria para ponerse a prueba a sí mismo analizando la respuesta ante lo natural, y logró trabajos preciosos, pero los acabaría destruyendo, pintando sobre ellos otras cosas de la tierra. Sólo se conservan dos o tres que no encontró para sobrepintarlos, e hizo lo mismo con motivos gauchescos. Alguna de sus obras fue motivo de inspiración para Ignacio Vázquez Maza y otros poetas en el exilio. Carlos vivía intensamente la gran familia cultural que tanto tiraba de la cultura gallega en el extranjero. Era un tiempo en que no había ayudas de nadie, y sin embargo se editaban libros, se organizaban conferencias, tertulias en los bares de la Avenida de Mayo, exposiciones, conciertos y muchos otros actos culturales, solamente con la voluntad de todos. Fueron muchas las personas con las que Carlos tuvo contacto y enriqueció su galleguidad. Entre otros, Víctor Luis Molinari, Valentín Paz Andrade, Alfredo Arostegui, Maruxa Boga, Arturo Cuadrado, Jaime Quesada, Ignacio Vázquez Maza, José Benito Díaz, Varela Sánchez, Isaura Muguet, Darío Lamazares, Ramón Margallo, etc. En Argentina, el artista padronés fue arropado por la colectividad gallega y numerosos amigos de los circuitos culturales. Bóveda siempre agradeció que los que llegaban eran acogidos por las fuerzas vivas culturales en el exilio. Ramón de Valenzuela -licenciado en Filosofía y Letras, escritor y gran amante del arte- fue una de las personas que le acom-pañaron en su llegada. Ramón era presidente de la Comisión de Cultura del Ateneo Curros Enríquez, y Bóveda, en diciembre del 62, pasó a formar parte de la Comisión de Artes Plásticas junto con Laxeiro. Ramón de Valenzuela propició alguna que otra exposición de Bóveda. Formaba parte de ese grupo de intelectuales introducido en los círculos culturales de los gallegos emigrados. Entre otros, estaban Luís Seoane, Castro Couso y Geno Díaz. Carlos traba amistad con ellos, en particular con Castro Couso, Humberto Souto, Tacholas, Quesada, Cuadrado, etc.

Argentina

En mayo de 1963 expone de nuevo con motivo de las “Letras Galegas”, en agosto expone en el Centro Lucense y participa como jurado en el Concurso Infantil de Manchas. Desde su llegada tuvo que alternar su hacer artístico -que siempre fue prioritario- con la necesidad de conseguir los medios de vida, y fue así como trabajó en el bazar que dirigía su hermano, de quien pronto sería socio. Ese mismo año, Ramón de Valenzuela, Geno Díaz y dos artistas italianos invitaron a Bóveda a montar un taller de decoración de loza. Uno de los italianos tenía una casa con un horno, que fue donde se establecieron. Incluso formalizaron una sociedad. Geno Díaz había trabajado como decorador en la fábrica montada tiempo atrás por Isaac Díaz Pardo en la villa bonaerense de Magdalena. Bóveda da un paso adelante en sus inquietudes artísticas y empieza la decoración de unos platos motivados en estampas gallegas. El primero de ellos lo pintó en 1963 y se conserva en la casa de una familia padronesa. En 1964 desarrolla una intensa actividad artística. Forma parte del jurado de la Primera Muestra Infantil que hace el Centro Lucense. El 21 de mayo es nombrado vocal de la Comisión de Cultura, siendo presidente Darío Lamazares, y en la Semana de Galicia, junto con Castro Couso y otros miembros de la Comisión de Cultura, hacen una gran escenografía marinera. En julio es reelegido Asesor Artístico Adjunto, forma parte de la Comisión de Cultura del Ateneo Curros Enríquez y participa en la muestra colectiva “Catro pintores de estirpe galega”, con Laxeiro, Castro Couso y Geno Díaz, en el Centro Lucense. También este mismo año, Carlos era encargado administrativo y de compras de la firma Daró en el Aeropuerto Jorge Newbery. Cometido que abandonaría años después.

Argentina

En 1965 participa en la exposición-homenaje a Rosalía de Castro “Muestra de Poesía Gallega Ilustrada” y “Doce Sono”, con los pintores Enzo Benfato, Juan José Cabello, Alberto Castro Couso, Oscar Mario Deza, María Laura de San Martín, Humberto Souto, Carlos Villanueva, etc., y expone de nuevo en la Semana de Galicia en el Centro Lucense. En este tiempo, trabajando en el Aeroparque de Buenos Aires, conoce a Ilía, el presidente argentino, que mostró un hondo interés por la temática pictórica de Bóveda y por sus inquietudes culturales. En el aspecto personal, su vida cambia en 1966 al casarse con Sara, una lucense a la que había conocido participando en las actividades del Centro Lucense. Ofició la ceremonia Faustino Rey Romero, y fue el primer casamiento del sacerdote en Argentina, para el que tuvo que pedir permiso, ya que no tenía adjudicada ninguna designación eclesiástica. Faustino también solicitó hacerlo en gallego, pero no se lo permitieron. Al finalizar el acto se resarció pronunciando un panegírico en gallego, tan largo que incluso apagaron las luces para que concluyese. En 1967 presenta nuevas obras, esta vez junto a Marcos de Abeleda, en el Centro Pontevedrés, para conmemorar el XXV Aniversario de la institución, y expone de forma permanente en el “Golf Club” del barrio de Palermo. Poco tiempo después se produce un incendio en el que se queman cuatro cuadros, entre ellos “Iria Flavia”. En 1968 colabora en la “Primeira Feira de Artesanía Galega” organizada por el conjunto artístico gallego “Breogán”. Un año después recibe la insignia de plata del Hogar Gallego para ancianos y realiza una muestra en los festejos del XXVI Aniversario de este centro. Laxeiro había donado un dibujo en blanco y negro para que se subastase en la inauguración de la exposición y el adjudicatario lo donó a la institución. Bóveda vive la década de los años sesenta experimentando artísticamente en la pintura libre, con temática libre, trazos rayados con luz y fuerza. El artista la denominó “pintura intuitiva”. En 1970 formó otra sociedad con su hermano y participó durante este tiempo en otras iniciativas comerciales. En abril del mismo año realiza la muestra “Dos pintores de estirpe gallega” junto a Oscar Martíns, con motivo de la inauguración de las nuevas instalaciones de la Galería de Arte Lucense.

Argentina

Con motivo del “Día das Letras Galegas”, participa en la muestra colectiva “23 artistas ilustran a Rosalía de Castro”. El dibujo presentado fue donado a la Casa Museo de Rosalía en Padrón, donde está actualmente. Con el artista padronés estuvieron Mercedes Amigo, Abreu Bastos, Enzo Benfato, Óscar Deza, Ana Martínez Pasarín, Óscar Martíns, etc. En 1971, patrocinado por el Instituto Argentino de Cultura Gallega, participa en la muestra “Pintores argentinos en homenaje a Rosalía de Castro” en el Centro Gallego de Buenos Aires. Las obras son cedidas por los pintores para contribuir a la restauración de la casa de la cantora del Sar. Con Bóveda participaron Abreu Bastos, Axís, Carlos Cañas, Castro Couso, Vicente Forte, Martínez Pasarín, Pérez Celis, Demetrio Urruchua, Bruno Venier, etc. En 1972 colaboró con el Club de Leones Jorge Newbery. Un año después, en julio, participa en la exposición colectiva “Pintores de Galicia” en el Centro Lucense, con Marcos de Abeleda, José Sevilla, Humberto Souto, Cordeiro y Darío González. En diciembre es uno de los invitados de honor al homenaje que se le rinde a Alberto Castro Couso en el Centro Pontevedrés. En 1974 participa en las “Jornadas Patrióticas Gallegas” en el Museo Municipal de Artes Plásticas Eduardo Sívori junto con Abreu Bastos, Geno Díaz, Castro Couso, Martínez Pasarín, Carlos Cañas, Leopoldo Presas, Solla, Albino Fernández, etc. Este tiempo marca anímicamente al artista por el declive del franquismo en España. Participa en diversas concentraciones a raíz de la muerte del dictador, a favor de la democracia. En los siguientes tres años -1975, 1976 y 1977-, Bóveda hace un receso en su vida social para centrarse más en la producción pictórica. Aun así, durante este tiempo expuso en el Centro Lucense, en el XXXII Aniversario del Hogar Gallego para ancianos, conjuntamente con Albino Fernández, en la Galería de Arte Goya y en la Galería Kaperotxipi de Mar del Plata. En 1978 fue galardonado con la mención de honor de la Fundación Givre de Buenos Aires, presentó su obra en la Galería de Arte Goya y realizó la muestra “Efeméride Mayor de Galicia” en el Centro Lucense. En 1979 se exponen algunas obras suyas en la “I Muestra de Arte” de la Sociedad Cultural Padronesa, prestadas por particulares. En febrero de este mismo este año nace su hija Marisol. En 1980 fue homenajeado en Argentina por la “Sociedad Hijos de Lestrove” con la entrega de la “Paleta de Prata”. Comienza a partir de aquí una abundante etapa creativa. Durante unos cinco años se vuelca en los pinceles. A inicios de la década, Carlos ya tenía decidido volver a Galicia para exponer de nuevo, después de veinticuatro años, y por eso va preparando un conjunto de cuadros seleccionados específicamente. En 1981 nace su segundo hijo, Daniel. Los deseos del artista vencieron las dificultades, que eran muchas, y en mayo del 86 vuelve a Galicia con más de 400 obras inéditas. En septiembre presenta gran parte de ellas en la exposición “24 anos de ausencia” en el Centro Cultural García Barbón de Vigo, donde quedó de manifiesto la versatilidad pictórica de Bóveda recogida en las obras pintadas en los veinticuatro años de ausencia. La crítica fue tan favorable y la respuesta del público tan generosa que dos meses después expone en la Casa da Parra en Santiago de Compostela, y en enero del 87 en el Casino de O Barco de Valdeorras, invitado por Caixa Galicia. Esta estancia del artista en Galicia concluye con las exposiciones en el Ministerio de Cultura en A Coruña y en la Sociedad Cultural Padronesa, donde la directiva le impone su insignia de oro. La acogida le desbordó, pues estaba convencido de que tendría que empezar desde cero porque nadie se acordaría de él. Carlos estaba sorprendido artística, personal y socialmente, ya que encontraba una Galicia activa, fulgurante, cambiante y democrática. Carlos renueva su compromiso artístico. Se llena de galleguidad y retoma el pulso con los paisajes, las caras, las gentes y la tierra. Esta estancia duró un año. En el 87 vuelve a Argentina con el clavo de la vuelta definitiva que se produciría quince años después. Bóveda sigue exponiendo pero pintando con más fuerza, buscando la espiritualidad pictórica. Este tiempo está marcado por el contacto con la Galicia que acababa de reencontrar. La posibilidad del regreso definitivo a su tierra le proporcionaba aliento y ánimo. Carlos tenía repleto el baúl de la creatividad. Alternaba la producción pictórica con exposiciones individuales y colectivas, muestras y otras manifestaciones culturales. Vuelve a Argentina tan lleno de galleguidad que retoma un fuerte compromiso social y cultural con las colectividades gallegas. En 1988 muestra su obra en la Galería Luís Seoane del Centro Galicia de Buenos Aires. En 1989 se publica una obra suya en las portadas del Anuario de la Vieira de la Enxebre Orde da Vieira en Madrid y participa en las “Jornadas de la Cultura Gallega ´89” patrocinadas por el Instituto Argentino de Cultura Gallega y auspiciadas por la Fundación Barrié de la Maza en el Centro Cultural Recolecta de Buenos Aires. Asimismo, en julio forma parte de la “Exposición Colectiva de Artistas Gallegos” en el X aniversario de la Fundación del Centro Galicia de Buenos Aires y posteriormente de la colectiva realizada en el Centro Ribadumia. Es invitado por el Centro Cultural Partido de A Estrada a participar en la exposición “Morriña de Gallegos en la Emigración”, donde se exponen dibujos, pintura naíf, tapices, artesanía en madera, pintura sobre cueros y óleos. Y a finales de año, la organización del 84 aniversario del Centro Betanzos también reclama su participación, exponiendo con Carlos Cañas, Geno Díaz, Mallo López, Óscar Dante Guastavino, etc. En este tiempo, Carlos participa en una experiencia altruista que consistía en hacer compañía a los mayores de las residencias de ancianos y hospitales. Por influencia de las tradiciones del país, se había adaptado al folklore popular del agro argentino hasta el punto de “zapatear” con verdadera gracia. Mburucallá (flor de la pasión) era el nombre del grupo. Esta actividad la desarrolló desde finales de los ochenta hasta su regreso a la Tierra. En los años noventa visita Galicia en varias ocasiones; unas veces para exponer -en Santiago y por dos veces en Padrón, una de ellas promovida por Xosé Manuel Cortizo y otra en la Mostra de Pintura Pascua 92, organizada por la Sociedad Cultural Padronesa-, otras en visitas privadas e incluso coordinando a grupos de vecinos de Padrón que formaron parte de la operación “Reencontros” promovida por la Xunta de Galicia. En este viaje, la Agrupación de Padrón de Argentina manda una placa de bronce para honrar a Rosalía. Este presente fue colocado a los pies del monumento del Espolón y Bóveda fue el encargado de hacer la inscripción que figura en ella con la simple firma “CB”. Carlos desarrolla una intensa labor cultural participando en la creación de S.A.H.I.A. (Sociedad de Artistas Hispano Americanos), grupo cultural que exponía con frecuencia pero con muchos problemas de promoción por la situación que el país atravesaba.

Argentina

En 1993 participa en la exposición colectiva que organiza S.A.H.I.A. en la Fundación Banco Canadá. También interviene en la exposición colectiva “Homenaxe a Luís Seoane” en la galería que lleva el nombre del artista. Este reconocimiento organizado por la Comisión Intersocietaria de Entidades Gallegas -junto con Cordeiro, Casais de Corne y Humberto Souto- fue montado para imponer el nombre a la galería. Ya en el 94 expone “17 Maio, Día das Letras Galegas” en el ABC de Corcubión, en homenaje a Luís Seoane, junto a originales del artista. Participa en la exposición colectiva “Artistas Gallegos” realizada conjuntamente por el Centro Gallego de Buenos Aires y el Centro Galicia en la Galería Luís Seoane. Participa en la exposición “S.A.H.I.A. y las artes” en los salones de Argentina Televisora Color, en la que también figuran José Luis Domínguez, Roberto Lo Tártaro, Rafael Gil, Carlos Villanueva, Óscar Dante Guastavino, Raúl Pérez, Sassano Tuñón y otros. Este mismo año expone en el Centro Gallego de Buenos Aires en las “Xornadas Patrióticas Galegas 1994”, patrocinadas por el Instituto Argentino de Cultura Gallega. En 1995 realiza una corta visita a Padrón para asistir a la “Pascoarte 95, Homenaje a Carlos Bóveda”, realizada en la Galería Seira, al tiempo que recibe el “Homaxe de Honra e Louvanza da Irmandade dos Fillos de Padrón”. De vuelta a Argentina, participa en la colectiva realizada por S.A.H.I.A. en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires e interviene en la exposición que realiza S.A.H.I.A. con motivo del aniversario del Centro Betanzos. Un año después, en abril del 96, vuelve a Galicia para participar en la muestra “Catro pintores” en el Museo Provincial de Lugo junto a N. Zumel, José Luis Verdes y Carlos Barcón. En esta visita se presenta en el Auditorium del Centro Social de Padrón bajo el patrocinio de José Manuel Cortizo y la organización de Cristina Trulock. De nuevo en Argentina, participa en el “Ciclo Cultural 1996” en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires junto a O. Dante Guasta-vino, José Luis Domínguez, Edgardo Junco, Roberto Lo Tártaro, Rafael Gil, Blas Rodríguez, Carlos Villanueva, Carlos Fuentes José Sevilla y otros. En 1997 participa en la colectiva expuesta en el Centro Galicia de Buenos Aires con José Luis Domínguez, R. Lo Tártaro, Susana Ocampo, Blas Rodríguez, Carlos Villanueva, Carlos Fuentes, etc. Este año también expone en el “Homaxe a Fernando Iglesias, Tacholas”, en la Sociedad de Campo Lameiro de Argentina, mientras cede obras para participar en la muestra de la galería “Apolo Arte” en el Pazo da Maza (Lugo). En 1998 interviene en la exposición que S.A.H.I.A. organiza para celebrar el “93 Aniversario de la Casa Balear de Buenos Aires” y en la que la misma entidad llevó a cabo en el Casal de Catalunya. El mismo año participa en la exposición “Sexto Aniversario 1992-1998 Asociación de Artistas Hispano Americanos”, celebrada en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires. El mismo colectivo cultural organiza en 1999 la “Semana de las Islas Baleares” en la Casa Balear de Argentina, donde Bóveda está presente al igual que hizo en la exposición del Casal de Catalunya y en la Bolsa de Comercio en el “Ciclo Cultural 1999”. En el mismo año participó en la exposición colectiva “Octubre 1999 Mes de la Hispanidad”, junto a seis artistas más, organizada por el Consejo de Residentes Españoles y auspiciada por la Consellería de Cultura de la embajada de España; participa en la exposición colectiva realizada en el Centro Betanzos por su 94 Aniversario y en la exposición del Rotary Club–Distrito 4900, donde recibe el diploma de honor del Rótary Club–Lomas del Mirador de Argentina. El año 2000 fue un año decisivo para el artista padronés. Fue un tiempo frenético que anduvo a caballo entre Argentina y Galicia, recibió premios y reconocimientos, expuso individual y colectivamente y no dejó de estar activamente presente en el acontecer cultural gallego. A destacar en este año es la vuelta a Galicia para exponer en el Hostal dos Reis Católicos de Santiago de Compostela, aprovechando para presentarse en la sala de exposiciones del Liceo Recreativo Ourensán y llevar la muestra a la Galería Nova Rúa de Lugo y a la Galería Obelisco de A Coruña. De nuevo va a Argentina para participar en el acto donde se le impuso el nombre de Isaac Díaz Pardo a la sala de arte del Centro Gallego de Buenos Aires. Con tal motivo, el Instituto da Cultura Galega organizó una exposición de M. Cordeiro, Fiz Fernández, Carlos Bóveda y una obra del propio agasajado. Expone en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, en el “Ciclo Cultural 2000”, con la organización de S.A.H.I.A. Expone junto a R. Amigo Ortiz, M. Cordeiro y X. C. Roig en la Galería Luís Seoane del Centro Galicia de Buenos Aires. ticipa en la exposición “El arte y su proyección en el paso del siglo” organizada por S.A.H.I.A. en el Centro de Residentes Españoles. Participa en la exposición que organizó la editorial Croquis en el Centro Región Leonesa. Interviene en la exposición de la Asociación Italiana de los Santonofrenses de Argentina auspiciada por “Galas y Talleres”. Está también presente en la exposición que hace el Sindicato de Empleados y Obreros de Comercio y afines, auspiciada por la editorial Croquis. Participa en la exposición del Museo de Bellas Artes Sempere de la Municipalidad de Almirante Brow de Buenos Aires. Participa en la exposición de S.A.H.I.A. en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires. Y para cerrar un año pletórico, recibe el premio Sant Onofrio de la Asociación Italiana de los Santonofrenses en Argentina, el premio Centro Región Leonesa y fue el artista premiado por Salones Croquis del Museo León Sempere. En el año 2001 siente de nuevo la llamada de la tierra y regresa a Padrón para intervenir en “Arte Mostra de artistas de Padrón-Santiaguiño do Monte”. Cuando en diciembre de este año estalla la crisis argentina, Carlos hace la maleta, abandona todas las propiedades y vuelve a Galicia, a donde llega el 9 de febrero de 2002.

Argentina Argentina

Ya establecido definitivamente en Galicia, se reencontró con grandes viejos amigos. Uno de ellos, el pintor Paz Camps. Bóveda siempre se confesó enamorado de la pintura de Modesto y la amistad entre ambos viene de los tiempos en los que compartían correrías literarias con el poeta de Amahía, Maximino Castiñeiras. Diego Bernal (q.e.p.d.), Avelino Abuín de Tembra y la familia Castaño fueron otra cuna personal de reencuentro con la tierra. Carlos también sentía un aprecio muy especial por Ramón Pazos y su numerosa familia. El ex alcalde padronés, al morir, dejó varias obras de Carlos en herencia. El hijo más joven, Alejandro Pazos, al que no le había correspondido ninguna de ellas, buscó a Carlos en Argentina y, a través de terceros, adquirió varias obras. Alejandro y su mujer, Loli, también forman parte del círculo personal de amistades de la familia Bóveda. Y, como ya se mencionó, el cesureño Xosé Piñeiro fue uno de los fortísimos vínculos de Bóveda con Galicia durante los años de estancia argentina. Ya en la tierra, los contactos entre ambos fueron muy frecuentes hasta el fallecimiento del cesureño. Reanuda su labor artística con la muestra “Reencontro”, presentada en el Hostal dos Reis Católicos de Santiago de Compostela. En 2003 expone en el auditorio del Centro Social y Cultural de Padrón y participa en la exposición “Escaparates de Padrón 2003” en las fiestas del Santiaguiño do Monte. Vuelve a intervenir en la exposición realizada en el Centro Galicia de Buenos Aires con motivo del “Día das Letras Galegas”. En los últimos meses de vida no dejó de trabajar aunque la enfermedad lo limitaba. Poco tiempo antes de morir, decoró una vajilla de Capeáns de más de cien piezas y acabó su último cuadro, que dejó sin firmar. Su postrero trabajo fue una placa de cerámica para dar nombre al “Área Recreativa El Correo Gallego” en Pazos, aunque ya no pudo asistir a la inauguración por su débil estado de salud. El mismo día en el que fallecía estaba participando en la 1ª Mostra de Artistas de Boiro. Con posterioridad al fallecimiento, con una buena selección de cuadros participó en la 5ª Arte Mostra-Artistas en Padrón y Pontecesures 2004. Los artistas participantes en esta manifestación artística le rindieron el primer homenaje post mortem, al igual que hizo en las mismas fechas el Centro Gallego de Buenos Aires.

España

El costumbrismo

Con el regreso definitivo a Galicia, Bóveda pintaba cómodo porque se expresaba libremente. Tenía de nuevo grandes inquietudes artísticas. Pintaba feliz. El costumbrismo capitalizaba su obra. Carlos, en su estudio en Conxo (Santiago), se empapó de galleguidad temática. Seguía fiel a los motivos que le habían llevado a pintar, haciendo aisladas y contadas incursiones en el compromiso social. La cuna de su pintura continuaba siendo la misma. Bebía de los vientos del noroeste peninsular, se dejaba contagiar por el “orballo” y trasladaba a los lienzos los verdes de la primavera y los ocres del otoño. Mantenía viva la vieja madera de las tabernas y seguía afilando las azadas de los labradores. Los evidentes cambios experimentados en la sociedad actual no apartaron al autor de la temática que siempre había abordado. Carlos veía así a Galicia. Labradores, marineros, gaiteros, el agro, el rural y la lengua fueron los soportes sociales gallegos a través de los siglos y ese era el País que retrataba. La Galicia “enxebre” se ve reflejada en la pintura de Carlos Bóveda. Esa es la tierra que le vio nacer a la vida y al arte, y en la que descansa para siempre.

Bóveda y Castelao

A primeros de los ochenta se hizo un homenaje a Castelao en la Federación de Sociedades Galegas, donde se reprodujeron dibujos sacados del libro Cincuenta homes por dez reás, y además tenían el libro original de donde se habían sacado los dibujos, y fue en ese lugar, después de muchos años, donde Carlos pudo ver otra vez el libro que había tenido de modelo en la Cerámica Celta. El padronés sentía una especial devoción por Castelao y lamentó no haberle conocido personalmente, aunque si conoció a la viuda, Virxinia, ya que fueron presentados en una comida de una sociedad gallega en Buenos Aires y compartió con ella las vivencias de La Calera. Carlos se había emocionado relatándole cómo consultaba los originales de Alfonso Daniel, lamentando que tan sólo unos pocos años habían separado las estancias de uno y otro en la Cerámica. La admiración del padronés por Castelao creció al compartir las andanzas y la vida en el destierro de Alfonso Daniel a través de dos grandes amigos comunes: Maruja Boga -primera “Pimpinela” de Os vellos non deben namorarse, de la que, por cierto, la familia de Bóveda guarda uno de los pañuelos que usó en una de las escenas- y Alfredo Arostegui. Ambos atesoran aún hoy fotos, libros y otros recuerdos de su casi hermano de Rianxo. Castelao había estado en los comienzos de la audición que dirigieron por largos años “Recordando a Galicia”. Bóveda tuvo la suerte de tener bocetos de los personajes y de la primera edición de Os vellos non deben de namorarse dedicada por Castelao, así como la reproducción en yeso de su mano. En cierta ocasión, estando con Rey Romero, en una de las habituales tertulias de los sábados, salió el tema de que la biblia gallega era Sempre en Galiza de Castelao y que estaba agotada y ya no se conseguía. Siete días después apareció Faustino con un ejemplar dedicado por él mismo para Bóveda diciéndole “como veciño, non se molestaría porque cha dedique, ¿verdade?”. Fue de este modo cómo llegó a sus manos el ansiado ejemplar que la familia del padronés guarda con doble cariño: por Castelao y por Faustino.

España

Bóveda y Rey Romero

Bóveda desconocía la intención o la necesidad -según quien lo cuente- del sacerdote de marchar de España. Faustino, nada más llegar a Argentina, dejó su dirección a los directivos del Centro Lucense para que a su vez se lo entregaran a Carlos. Rey Romero se había establecido en Victoria, cerca de Río de la Plata. Carlos, recibida la dirección, fue a verlo. El sacerdote le recibió con su habitual habano y un largo y sentido abrazo. Curiosamente, a pesar de la amistad, el sacerdote apenas habló nunca de los motivos que le apartaron de las autoridades eclesiásticas santiaguesas. Cuando Rey Romero pasó a la iglesia de Nuestra Señora de la Balbanera, los encuentros se producían todos los sábados. Carlos se enriquecía con la compañía de Faustino. La muerte del sacerdote poeta, años después, supuso un mazazo para el pintor, a pesar de conocer perfectamente las diferencias que tenía Faustino con un compañero italiano con el que compartía la iglesia de la Balbanera. Carlos destacó siempre la extraordinaria calidad humana del sacerdote y, cuarenta años después, estaba convencido de que la muerte de su amigo Faustino no fue casual.

Bóveda y Laxeiro

Carlos también trató mucho a Laxeiro en Argentina. Conoció al artista lalinense formando parte de la Sub-Comisión de Artes Plásticas del Ateneo Curros Enríquez de la Federación de Sociedades Galegas en Buenos Aires. En la primera exposición del padronés en Argentina, Laxeiro le acompañó y acabaron forjando una honda amistad que les llevó a compartir exposiciones, charlas, actos y muchas vivencias personales. En cierta ocasión, sobre 1967, en la sobremesa de una cena privada, Carlos le muestra a Laxeiro un retrato con el que él había agasajado a un amigo común de ambos, Mayo López. Laxeiro le pide un papel a Carlos y, poniéndose a esbozar unos trazos, le dice: -Non pode ser que Mayo che fixera un retrato e eu non. Laxeiro utilizó vino que aún quedaba en una botella para difuminar el color. En una exposición de Bóveda en Buenos Aires, Laxeiro donó un cuadro para que se sorteara entre los asistentes. Cuando Laxeiro y Lala volvieron a Galicia, siguieron manteniendo el contacto con el padronés. Curiosamente, Carlos estuvo con Laxeiro por última vez en persona en la última exposición del lalinense en Santiago.

Continuar disfrutando de mi obra